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Experimentos realizados por Meriam Karlsson, profesora de horticultura en una Universidad de Alaska, dieron resultados verdaderamente sorprendentes. Todo comenzó en el mes de enero del año del 2012 cuando se plantaron girasoles de una especie de poco tamaño como parte de un experimento de iluminación en un invernadero ubicado en el Campus de la Universidad.

La mitad de los girasoles fueron colocados bajo lámparas LED de color rojo o azul a los 14 días, mientras que la otra mitad se unió al primer grupo a los 24 días. En el mes de marzo, y con gran asombro, la investigadora comprobó que todos los girasoles habían florecido al mismo tiempo.

Al contrario de lo que Karlsson suponía, las luces LED azules no causaron ningún retraso en el florecimiento de las mismas. Los Girasoles tenían el mismo aspecto entre si, sin importar el tratamiento de iluminación que habían tenido.

Sin dudas que la mejor luz por excelencia es la luz natural, pero es importante destacar que en sitios con latitudes altas en el invierno no hay suficiente luz disponible. Por ello la iluminación artificial es absolutamente necesaria para el cultivo.

Las lámparas con tecnología tienen distintas ventajas: la primera de ella es que consume muy poca electricidad, muy importante por motivos ya conocidos en épocas donde el ahorro es vital para la ecología. Otra ventaja es que no emiten mucho calor, lo que permite colocar más cerca los vegetales.

En conclusión, de esta investigación se desprende que la iluminación LED en el desarrollo vegetal podría conducir a aumentar la productividad de cultivos en distintas zonas. También podría jugar un papel fundamental ante el crecimiento demográfico y su necesidad de mayor producción de comida.

Fuente: noticiasdelaciencia.com

www.construluz.com

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